miércoles. 31.05.2023
OTRO VERGONZOSO LEGADO DE LA CIE

El bochornoso déficit religioso de los docentes de ERI

* La Comisión Islámica de España, CIE, lleva años emitiendo certificados de idoneidad a docentes de Islam que no saben escribir una sola línea en árabe

* La CIE sólo les pide declarar el testimonio de fe y recitar una sola aleya del Corán, y por teléfono

* No se requiere ninguna formación religiosa más allá de la recibida en la cuna y el libre albedrío de los docentes

* A las mujeres el requisito añadido es que lleven hijab 

 

 

900 eri

Los docentes dan clases de Islam sin entrar en detalles. Su trabajo consiste en exponer y establecer retrospectivas someras sobre exposiciones vitales.Los pequeños asisten cada año a la misma retahíla de explicaciones. Pasan los años y todavía hay pequeños que no aprenden ni la más pequeña de las aleyas del Corán; menos aún, escribir su nombre en árabe.

Reconocemos el esfuerzo personal de aquellos docentes que atienden su inquietud de conocimiento, que aprecian el árabe y el reciclaje formativo constante, que consideran su profesión más allá de un oficio y lo acompañan de un compromiso social y comunitario para con la umma.  Los Said, Tamara, Marian, Hisam, Hind… Mientras, la otra  parte, aquella que conforma el grueso de los sin esfuerzo,  siguen disfrutando de lo conseguido sin voluntad de perfeccionarse.

Una vez alcanzada su meta, tampoco nadie les exige nada. Y ni aprenden los niños ni los que les enseñan. Es un auténtico disparate. Gran parte de los profesores llevan años explicando lo mismo sin hacer un mínimo esfuerzo por aprender algo de árabe. Su plaza está asegurada y todo esfuerzo es ya innecesario. Su ejemplo de superación e inspiración para los menores resulta fatídico: dependerán toda su vida de traducciones en castellano con interpretaciones adaptadas al pensamiento de otros, incapacitados para aprender por sí mismos.

Una enseñanza religiosa que no bebe en las fuentes, amputa su propia esencia 

Muchos de ellos argumentan que la lengua vehicular es el español, cuestión que nadie pone en duda. Sin embargo, si son clases de Islam requieren explicaciones no solo en español, sino también en árabe, cosa que no pueden hacer parte de los profesores ya que, muchos de ellos, ni un mínimo de árabe hablado y escrito tienen en su haber.

Por cierto, el español como lengua vehicular, lo es más de estos docentes que de los propios alumnos, que no saben otro. Los pequeños están en edad ideal para el aprendizaje de otras lenguas, condición natural en ese ciclo de la vida, contrariamente a lo que sucede con muchos de los que dicen enseñarles, que ya en el declive de sus vidas apenas son capaces de interiorizar ni una cuarta parte de una lengua que, no olvidemos, es el instrumento principal de una religión como es el islam,  una religión que se antoja como un simple concepto para este gremio de enseñantes y que han visto y encontrado en él una forma de sustento tranquila y placentera, un universo de quietud en el que los pequeños   se convierten en una  prueba intrascendente que les sirve para justificar una labor educativa  que en realidad no existe

Pero la culpa, como no puede ser de otra manera, es de la CIE, a la que importan poco los pequeños. En realidad, a la CIE no le importa nadie. De hecho, no existen sistemas de control de ningún tipo. Nadie sabe, nadie mide el conocimiento religioso de los docentes ni su nivel de árabe hablado y escrito. Con libros caducos de más de 17 años, la desorientación de los pequeños se acentúa con un sistema de trabajo y con una plantilla de profesores sin directrices de la CIE, incapaz de ofrecer un método pedagógico testado y beneficioso para los pequeños, desentendido en exigir y dotar de formación religiosa y lingüística a sus aspirantes. Lo que prima es mantener un puesto de trabajo, pleno en confort y comodidad. Los niños y la calidad de la enseñanza no se tienen cuentan para nada.

Cualquiera que diga ser musulmán y cuente con un título en magisterio puede ser profesor de religión islámica

España es  un pésimo ejemplo de deterioro religioso académico, inadmisible en otros territorios. No tenemos más que mirar a nuestro alrededor. Que un titulado en educación física y musulmán de nacimiento sin más conocimiento religioso que el de su cuna enseñe Islam, es una aberración que sólo pasa en nuestro país. Esta es la ERI, la educación religiosa islámica que financia el estado y que satisface a la CIE y a sus protectores.

Ninguna entidad ni familia responsable confiaría sus hijos en manos de recién titulados con nula formación religiosa y sin bagaje islámico cierto.  Lo que aquí se prima es un título pedagógico, que no religioso, desligado de la fuente y que desprecia el lenguaje vehicular en el que fue revelado el Corán.  Cortar con el origen conduce a los menores a un vacío existencial con daños irreparables. Es ese otro tipo de mutilación educativa de la que nadie habla.

Para la CIE la educación y la cultura son un escollo insalvable, tanto como ni ellos mismos entienden su verdadero significado y consecuencias en la vida.  Más de lo mismo sucede con algunas federaciones, que ya con arrugas de vejez nunca prestaron la debida atención a la educación y a la cultura.

Que un/a niño/a asista a clases de ERI durante años y no sepa recitar una simple aleya del Corán en árabe, es prueba irrefutable del daño producido por aquellas personas que se reconocen como profesores y por quienes les eligen.

El bochornoso déficit religioso de los docentes de ERI